Un blog anagnórico

Día 3 – Pekín (Mutianyu) El del conductor agresivo.(I)

Publicado en Viajes, China por Ismi en noviembre 9, 2011

Amanecía el tercer día en China con una inadecuada sensación de seguridad: dentro de lo que cabía, me estaba gestionando muy bien el viaje, casi como un profesional, y sin ningún incidente. Tenía a China dominada. Pensaba esto mientras desayunaba huevos revueltos, jamón falso, zumo y fruta en el albergue; sin saber que, al final del día, ya me habría dado cuenta de lo equivocado que estaba.

El objetivo principal era visitar la Gran Muralla China. Hay varias zonas para visitar y cada una ofrece una experiencia diferente, aunque la esencia paisajística y la visión de la muralla serpenteando entre montañas debe ser similar en todas. La Lonely Planet dedica cuatro páginas y media de su guía a desarrollar las seis zonas principales para visitar, aunque seguro que hay más. Teniendo en cuenta que todo podría haber variado por lo viejo de mi guía elegí Mutianyu, parecía fácil de visitar y con menos turistas que Badaling, la zona más famosa y explotada.

Sin embargo, viajar por tu cuenta no es nada fácil en China. La guía explica en dos párrafos muy largos cómo llegar, aunque lo básico es: coger el bus 916 o 980 en la estación de Dongzhimen hasta Huairou y de allí un minibus hasta la muralla. Y así empieza la aventura:

Nada más salir del vagón de metro me asalta una mujer “¿Gran Muralla?¿Gran Muralla?” Pero…¿Cómo lo sabe? ¡Podría estar yendo a cualquier sitio! ¡Es horrible ser TAN guiri! Total, que le digo que sí, pero con gestos de “paso de tu rollo” Y ella “¿qué zona?¿qué zona?” (era una mujer que decía todo dos veces) Y yo… “Mutianyu” Y ahí se activa la maquinaria de marketing – estafa china: ella pone cara mala, muy triste y dice “Uyyy…no…mal…mal…muy feo…muy feo…” para al instante emocionarse como si hubiera tenido una divina revelación y añadir “¡Badaling!¡Badaling!”

Yo, que no quiero que me cuelen un tour porque sí, le digo que no y salgo corriendo. Y la tía me sigue por la estación de metro, con la sana intención de indicarme por dónde se sale a la estación de autobuses. O eso dice. Aunque no me hace falta la indicación, yo la agradezco y sigo a lo mío. Mal hecho, porque el buen gesto le hace envalentonarse: insiste en que Mutianyu es lo más parecido a una mierda muerta que puedo ver en china y me da su tarjeta de “china tours” Pero yo sigo estoico y paso de ella. Llego a la estación, entro a una especie de panadería para desayunar y a la salida aún está ella con cara de “Yo nunca lo haría, no me abandones…”

Pero…¿qué le he hecho yo, señora?

Esto se junta con el momento de desconcierto “¿Dónde coño estará el autobús correcto?” No veía nada parecido a unas taquillas, y todas las dársenas estaban rodeadas de vallas raras. La mujer me pilla en standby y me pregunta que qué busco. Pues el bus de Mutianyu, le digo, el 980, por decir algo. Y ella, automáticamente, sale corriendo diciendo “¡Por aquí!” muy emocionada. Querrá propina, pienso, y sigo a la señora. Me lleva al otro lado de la estación y me sube a un autobús con el 980 arriba, muy moderno, repleto de chinos que me miran y un conductor muy serio. La señora me dice que meta 10 yuans (1 €) en una caja, a modo de pagar. Lo hago, y ella me sigue muy sonriente… por supuesto, eso me hace sospechar (que me guiara hasta el autobús NO era suficiente) Así que le pregunto al conductor “¿Mutianyu?” lo que provoca que el tipo se levante y empiece a pegarle gritos a la señora, ella le grita a él mientras me intenta empujar dentro del autobús y todos los chinos se empiezan a descojonar. Curiosamente, lo que más me cabreó en ese momento fue pensar que había tirado 10 miserables yuans a una caja imposible de abrir, así que me bajé del autobús jurando en castizo cosas poco bonitas.

Esta vez, la señora se abstuvo de seguirme y, enseguida, me encontré con otro autobús, mucho más cutre y…¡con el número 980 arriba! ¡jodidos chinos! Qué manera de complicar las cosas.  Esta vez pregunté y era el correcto, costó algo más caro que el otro, pero había sobrevivido a otro intento de estafa en Pekín. Yuhu.

Cuando creía que todo sería coser y cantar, llegamos  a Huairou. Mi objetivo era llegar a una especie de estación de autobuses (a la que le suponía la existencia) Pero ibamos parando en mil sitios dentro de la ciudad, y en cada parada subían conductores de furgonetas pegando gritos. Al principio nadie les hacía caso, algunos se acercaban a mí y me gritaban más que a los demás, como si así les fuera a entender (la mujer que estaba sentada a mi lado se cambió de sitio, me convertí en el tío raro del autobús…) Al final, en una parada, un tipo tuvo un montón de éxito y se bajaron muchísimas chinas. Supongo que se vino arriba, porque se acercó a mí e hizo un montón de gestos. En especial, se señalaba un logo de la manga, como si eso lo hiciera muy especial.

Así que probé diciendole lo de Mutianyu. El tío (Nasty Driver, a partir de ahora) me decía que por 4 euros me llevaba. Intenté regatear, pero se enfadó mucho, así que tal vez era un tarifa estándar y, cansado de que me gritaran, le dije que sí. Total, que el tito Nasty me subió a una furgoneta viejísima, reventadísima por dentro (le faltaban trozos de salpicadero) con una señora china. Yo, supongo que por ser el occidental “millonario” iba de copiloto, y la mujer sentada detrás en una silla poco recomendable.

Nasty era todo un caballero, si le hablaba de lo bonito que era China, abría la ventanilla y escupía, si hacía una foto a su falso amuleto de jade, se animaba a adelantar en curva y si ponía cara de susto, se reía enseñándo muchos huecos en sus dientes y me daba un folleto de la muralla, como para prometerme que llegaríamos vivos.

Amuleto del conductor

En realidad, no creo que ni siquiera sea de jade falso el amuleto este.

A la mujer la dejamos en medio de la carretera. Así que Nasty y yo hicimos un buen trecho juntos hasta la muralla, con algún conato de accidente solucionado con volantazo y exabrupto en chino. Al pie de la muralla había un parking. Nasty aparcó y me pidió un euro para pagar. Eso me extrañó un poco, pero no tenía ganas de discutir (personalidad tipo B a tope) y se lo dí para subir de una puñetera vez. Pero el tío no me dejaba irme, quería quedar para volver…¡Qué maravilla! ¡Al final sería majo el hombre y todo! Con ayuda de la guía de conversación, quedamos para dos horas y media después y por fin, subí en el peor y más tétrico telesilla de la historia de los telesillas (¿recordaís los bancos de los parques a finales de los 80? creo que se los vendimos a los de Mutianyu para hacer telesillas)

Pero, por fin, estaba arriba. Y de verdad, merecía la pena. Debían de ser las nueve de la mañana y había poquísima gente en la muralla. La vista, a pesar de la neblina, no sé si matutina o propia de las montañas, era espectacular. Y la muralla serpenteaba entre montañas y se perdía muy lejos.  Y, de verdad, todo lo que había pasado para llegar (y lo que iba a pasar) mereció la pena por esto.

(Perdonad la baja calidad de las fotos :_( ) Bajar sería otra historia, que pongo en otro post, que este ya es muy largo.

Vista general de la muralla

La Muralla, serpenteando.

Plano general de muralla

Yo esperaba más gente, esta foto es cuando me iba.

Interior de la muralla, el espacio es ampio

Me sorprendió lo ancha que es la muralla.

La muralla desde uno de los puestos de vigilancia.

 

El viaje sigue en:

Índice

Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party”

Día 2 – Pekín. El del callejón más sucio y famoso de China.

Una respuesta

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  1. China. Índice. « Un blog anagnórico said, on noviembre 9, 2011 at 8:56 pm

    [...] Día 3 – Pekín (Mutianyu). El del conductor agresivo.(I) [...]


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