Día 2 – Pekín. El del callejón más sucio y famoso de China.
El segundo día en China pasé la mañana en la Ciudad Prohibida. Es absolutamente inmensa y, según la Lonely Planet, puedes estar allí un par de días sin problemas. A mi no me dió para tanto, tuve bastante con andar lentamente entre chinos, ser asaltado para que me hiciera una foto con alguien (un señor mayor me agarró firmemente del brazo con tal objeto) y desfallecer de calor. Eso si, sin duda merece la pena, en especial los patios en los que caben 100.000 personas y estaban todos prácticamente llenos…¡¡imaginaos cuántas personas al día visitan la Ciudad Prohibida!!
Después me acerqué a comer a un sitio de jiaozi (empanadillas chinas) Estaba un pelín lejos de la salida de la Ciudad, pero la guía lo “super-recomendaba” Nada más salir de la Ciudad Prohibida me asaltó un tipo montado en rickshaw, que me quería llevar por dos yuanes. Sin pensármelo le dije que no y seguía andando, mientras él me ofrecía el viaje por…¡¡1 yuan!! Y yo con un ataque de tacañería imposible, que no, que voy andando, que es muy sano. A los diez minutos de dejar al transportista detrás, me dí cuenta de que acababa de rechazar la mejor oferta de transporte que me harían en toda China…¡¡Llevarme 500 metros por 10 céntimos de euros!!A veces pasa que te pones a regatear y de repente valoras los yuanes como si realmente fueran tu moneda, y cada yuan te vale oro cuando…no es para tanto.
Por lo menos durante el camino me entró otra chica de estas del timo del té, y la tuve un rato soltándome rollos, hasta que se dió cuenta de que no iba a ir a ningún lado con ella a pesar de que fuera muy guapa y muy lista.
El sitio de las jiaozi era increible, pequeño, poca gente y todo estaba buenísimo. La carta estaba en chino, pero el camarero era muy majete. Primero le señalé una recomendación de la Lonely Planet (además de las ciudades, trae algunos platos en chino…¡superútil!) Unas empanadillas de cordero con cebolleta y mi primera Tsing-Tao (la cerveza china baratuza, las venden en pintas, que diría algún hobbit, o en botellas de medio litro más bien) No puedo expresar con palabras lo bueno que estaba aquello…¡¡y era baratísimo!! Así que me pedí unas de verduras con la ayuda del camarero y la guía de conversación. No estaban tan ricas, pero muy bien también.

Mientras esperaba mis empanadillas, me refrescaba con la única cerveza china que patrocina a la NBA. ¡Sí!
De allí visité los parques que están detrás de la Ciudad Prohibida. Lamentablemente, esta vez nadie intentó llevarme por dos yuanes, aunque yo habría pagado veinte (dos euros, ejem) Pero bueno, bajé un poco la comida. Tras la caminate, visité los parques Jingshan y Beihai. El parque Jingshan está justo detrás de la Ciudad Prohibida y, en teoría, está formado por la tierra que excavaron para construir la Ciudad Prohibida (que viéndola, me lo creo) La gracia del parque es subir a lo alto y ver la Ciudad Prohibida desde allí. A Marco Polo ya le gustó mucho el parque este, y hay un fragmento en “Los viajes de Marco Polo” (o El Millón / El Libro de las Maravillas) que habla del parque y de su origen artificial. Este texto se puede leer en un cartelón en la entrada del parque.
El parque de Beihai es un enorme jardín imperial (69 hectáreas) que en su mayoría están ocupadas por un lago. Así que es un buen lugar para refrescarse un poco. Tras curiosear fuí a descansar un rato al albergue porque por la noche quería dar una vuelta por el famoso callejón donde venden insectos listos para comer: el mercado nocturno de Donghuamen.
La verdad es que me costó lo mío encontrar el sitio. Bajé en la estación de metro correcta, pero me equivoqué de salida y aparecí en un centro comercial del que era absolutamente imposible salir. Después de deambular algo más de media hora, conseguí salir pero, cuando llegué a la calle,¡ la boca de metro más cercana era la siguiente parada de metro en el mapa! Es decir, había caminado al revés para terminar en la siguiente parada. O lo que es lo mismo, en china, una buena medida para construir centros comerciales es la de “paradas de metros” Este era el clásico caso del tamaño “una parada de metro”
Mucho más tarde conseguí llegar al mercado, que está cerquísima de la parada de metro de en la que me había bajado, por cierto. Bien, el mercado no es un sitio apto para estómagos sensibles: huele mal, hay mucha gente, se acumula basura en el centro del pasillo general y notas como la basura ralentiza tu avance. Y todo rodeado de sana y nutritiva comida. Me pedí un mini kebab. Había un cartel en chino que ponía “5 yuanes” (para una cosa que sé) y le pregunté al vendedor que cuánto valía. Va y me dice que quince. Y le digo, hombre, si ahí pone 5. Y se ríe y dice algo así como que era broma. Total, que le pago con un billete de 20 y me devuelve 5. Será posible.
¡Ah! Las famosas brochetas de insectos. Yo no soy dado a eso, así que no las probé, pero bueno, tienen pinta de turistada internacional, ni los chinos guiris se las comían. No sé si habitualmente se comerán en algún sitio de china, seguro que sí, pero en todo el viaje no volví a ver un misero puestecillo de insectos. Y en el mercado este sólo había un par. Una curiosidad más y ya está. Lo que si venden mucho es una especie de yogur para beber con mucho azúcar. Te lo venden en cristal, fresquito, y con pajita, y luego tienes que devolver el cristal. El sabor era un poco fuerte, así que no volví a probarlo en todo el viaje…¡me parece que soy más fan de las empanadillas, los arroces y los noodles!
El viaje sigue en:
Día 0 – Madrid – Moscú – Pekín. El del chico de negocios enfermo.
Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party”








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