Un blog anagnórico

Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party”

Publicado en China, Viajes por Ismi en agosto 23, 2011

Me levanté tardísimo y con mucha hambre, así que lo primero que hice fue buscar un sitio para comer. El albergue era una especie de casa grande con patio. La verdad, las fotos prometian más. Pero no estaba mal: las chicas de allí eran muy majas y me indicaron de un sitio para comer. Ya eran casi las dos, así que me acerqué. Con tanto cartel en chino, me costó un poco encontrarlo, pero al final conseguí entrar a un restaurante con un montón de mesas apelotonadas. La carta tenía mil fotos de los platos y todos parecían enormes. En el resto de mesas, los chinos compartían grandes fuentes de comida. Pedí pato a la pekinesa, que tampoco me gustó demasiado (ni siquiera tenía muy claro si me lo estaba comiendo correctamente) y aprendí que los chinos no beben agua durante sus comidas, aunque a veces se permiten tomar tés fríos o cervezas.

Mi primera parada iba a ser la Plaza de Tiananmen. El metro de Beijing (20 céntimos el viaje) funciona genial y es muy fácil de utilizar. Lo único un poco molesto es que en cada estación hay controles de seguridad; del tipo de pasar la mochila por un escaner. Supongo que está bien por la seguridad, pero los chinos no están para chorradas y se amontonan en torno el control tirando sus cosas, si echan la tuya detrás de tu mochila, se cuelan e intentan que su bolsa salga antes (como si fuera posible, se plantan delante como si su bolsa se fuera a colar a mi mochila también) Los casos extremos son los que, directamente, se saltan el control. Aunque el vigilante de turno ponga su brazo a modo de barrera y se quede a verlas venir; ellos empujan y hacia adelante. A veces hay algún grito, pero parece que los vigilantes del metro no son policias y la mayoría pasa bastante de ellos.

Pero eso, que el metro muy bien. Excepto algunos cambios eternos (incluyendo seguir un caminito que te saca al exterior de la estación, parece que lo hayan hecho sin previsión de futuro) Bajé una parada antes de la plaza. Un error, porque las distancias en Beijing son enormes y estuve andando mogollón. Cuando llegué, había una barrera de seguridad: a Tiananmen sólo se puede acceder por una valla en la que también hay controles de seguridad; por lo que tuve que dar la vuelta a toda la plaza para poder entrar. Supongo que es porque está el mausoleo de Mao, o por lo que significa la plaza en sí.

Aquí aluciné mucho con la sobredosis de chinos. La verdad es que luego te acostumbras, porque pasa en todos lados, pero vamos, habían chinos, chinos everywhere. Era una barbaridad y un auténtico agobio. Un poco de jet lag, choque cultural, contaminación extrema y masificación “masiva” y te entran muchas ganas de salir de Pekín.

Multitud de chinos descendiendo a un túnel subterráneo para pasar por debajo de la Plaza de Tiananmen

Cuando un chino hace algo, a muchos otros les parece una gran idea. En este caso, cruzar la plaza por un túnel subterráneo.

Visitando la plaza, tuve mis dos primeras experiencias chinescas. La primera, vinieron dos chicos. Uno gordito extremadamente feliz, y el otro con cara de no enterarse de nada. Empezaron a hablarme en inglés y eran majísimos. Estaba maravillado con su inglés, y lo único que se me ocurrió fue que querían ligar conmigo. No entendía nada. Así que le estuve dando vueltas a como quitármelos de encima. De repente, me dijeron algo de ir a tomar un té, en una fiesta… algo muy tradicional…¡y ahí me dí cuenta! Era el archiconocido timo de la “tea party” Si no os apetece pinchar el enlace, en el que un montón de viajeros cuentan su experiencia con eso, solo os diré que es exactamente lo que me pasó: si les dices que sí, te tomas algo con ellos en un sitio en el que están conchavados con el dueño y te cobran una pasta por una mierda de té. No os dejeís engañar, a veces son muy atrayentes. Otras veces son un completo desastre, como un señor que no conseguía balbucear muy bien el inglés en Shanghai y me aseguraba que era profesor de inglés (¿?) En fin, con sonreir y decir que no, es suficiente para que se vayan, lo malo es que son un poco pesados, creo que en todo el viaje tuve al menos a ocho de estos.

Nada más librarme del gordo y el flaco, me entró otro chaval. Ya iba a darle puerta y aire, cuando ví que este estaba haciendo mucho esfuerzo por pronunciar algo entendible. Gesticulaba mucho. Hacia como un rectángulo con los dedos y luego movía el índice sobre el rectángulo. Me señalaba ¡Quería una foto conmigo! En estado de shock, le digo que sí, afirmando con la cabeza y me dispongo a mi segunda experiencia chinesca del día.

Yo esperaba que sacara una cámara, pero no, desapareció y me dejó con un amigo suyo que no dejaba de mirarme y sonreir. Esto era un poco incómodo, así que hice gestos de preguntarle “¿Y la cámara?” y el tío me señala a su amigo, en el otro lado de la plaza… hablando con un fotógrafo. Se ve que en China hay mucha gente que no tiene dinero para una cámara; por lo que en muchos sitios turísticos hay señores con cámaras digitales, más o menos profesionales, que cobran por hacer fotos a la gente. ¡El chaval iba a pagar por una foto conmigo!Si hubiera estado suelto comunicativamente y con menos jet lag, se la habría pagado yo, porque se me hace un poco raro que alguien pague por hacerse una foto conmigo. Suena hasta mal.

Esto de las fotos no es nada raro. A veces es molesto, te cogen y te hacen la foto. Aunque la mayoría de veces te lo piden. Pero vamos, se ve que hay muchos chinos que, a pesar de las pelis occidentales, aún alucinan cuando ven a un barbudo, a un tío alto o a un rubiales (creo que estos tres especímenes son con los que más flipan) Al final era hasta divertido, y luego les hacía yo una foto, para devolverles la jugada.

En fin, que vino el hombre muy contento con su cámara y nos hicimos dos fotos, una con el fondo norte de la plaza detrás, otra con el fondo este. A cada foto yo tenía que coger al chino un poco como si fueramos amiguitos y sonreir mientras el fotógrafo (un tío muy profesional) levantaba un dedo y decía “¡Yi!¡Er!¡San!” (no se pronunciarán exactamente así, pero bueno) Creo que notó que me era un poco rara la situación porque después de la segunda le dijo a su amigo que se pusiera conmigo, y así completamos los puntos cardinales de la plaza. Los chicos se fueron muy contentos y me dieron las gracias con mucha vergüenza y un inglés terrible. A mi me dió más vergüenza, pero al finalizar el segundo día en China ya estaba super acostumbrado ¡ Era como ser famoso!

Plaza de Tiananmen, una chica toma una foto a otra ante la mirada de un vigilante, al lado de un puesto de fotografía.

El armatoste de la derecha es un puestecillo de hacer fotos a la gente. El guardia está bajo la sombrilla de casualidad. Creo que la chica que hace la foto es amateur.

Tras una vueltecita por la plaza, me acerqué a la estación de trenes para intentar conseguir un billete para Xi’an. Sacar un billete en China es una experiencia bastante traumática. Hay muchas estaciones, todas son enormes y en todas da la sensación de que todos los chinos están allí en ese momento. Por suerte, en la estación oeste de Pekín hay una ventanilla que hablan un inglés suficiente para vender billetes de tren. Lamentablemente, sólo habían plazas de sentado, así que pensé en ir en autobús. Fui al albergue a preguntar dónde los podía comprar, y la chica puso el grito en el cielo “¡Los autobuses son peligrosos!” y se puso a llamar por teléfono para conseguirme esa plaza de sentado en el tren. Lamentablemente, en el tiempo de cenar (unos noodles muy buenos que me sirvió una camarera que se reía de mí, porque solo era capaz de pedirle una cosa que estaba en una foto, pero ella era muy maja…) Eso, que en el tiempo de cenar se habían agotado los billetes de ese tren. Así que, aunque reticente, hice caso a la mujer y compré un billete de avión a Xi’an (de paso, arañaba unas horas en Pekín)

En realidad, como me había levantado tarde, no hice tanto; pero acabé con la sensación de haber hecho mil cosas y me fui a dormir casi enseguida. El día siguiente se presentaba muy activo, con la visita a la Ciudad Prohibida.

Propaganda comunista en la plaza, referente a los 90 años del Partido Comunista Chino.

En gran parte de China se podían ver carteles propagandísticos. E incluso monolitos de este estilo que celebraban los 90 años del Partido Comunista Chino.

El viaje sigue en:

China. Índice

Día 0 – Madrid – Moscú – Pekín. El del chico de negocios enfermo.

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5 comentarios

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  1. Jose Antonio said, on agosto 23, 2011 at 9:16 pm

    Este blog es una auténtica joya :D ¿Qué tipo de especimen eras tú para ellos, el barbudo, el alto, el rubiales, o todos a la vez? :P

    • Ismi said, on agosto 23, 2011 at 9:19 pm

      Jaja…yo era un macho alfa español: un paleto más al que poder engañar :P

      Seguramente, destacaba por mi barba greñuda…ñññaaaaaa!!!

  2. [...] Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party” [...]

  3. China. Índice. « Un blog anagnórico said, on agosto 25, 2011 at 7:55 pm

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  4. [...] Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party” [...]


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