Un blog anagnórico

China. Día 4. El de la tarde en el aeropuerto.

Publicado en China, Viajes por Ismi en enero 7, 2012

Por la noche cayó una tormenta de narices, pero la mañana amaneció limpia y despejada. Desayuno continental en el propio hostel y visita al Palacio de Verano.

El Palacio de Verano es una de las visitas obligadas en Beijing. Se construyó en 1750 y fue destruido durante la segunda guerra del opio (1860) por británicos y franceses. Tras la guerra, la emperatriz viuda Cixi reconstruyó el actual Palacio de Verano, un parque de 300 hectáreas con algunas residencias. En realidad, el actual Palacio de Verano coge solo un poco de terreno donde realmente estaba el antiguo. Aparte de los chinos haciendo deporte, bailando, paseando o tocando música, esta gran zona verde tiene un par de curiosidades interesantes.

Niño en barco cruzando el lago Kumming

Cruzar el lago Kunming, ideal para un día en familia.

Señora tocando la batería.

En China los parques son para todos y para todo. En este caso, tocaban canciones de un libreto en el que en la portada salía Mao.

El nombre del Palacio en chino significa “Jardín de de la Salud y la Armonía” Dentro del Palacio hay está el lago Kunming; un lago  artificial que tiene forma de melocotón: la fruta que representa la longevidad en china. Esta claro que Cixi quería vivir muchos años y en buena forma.

Aparte de pagodas y otros elementos clásicos de la arquitectura china, el Palacio de Verano tiene algo que lo diferencia de los demás monumentos del país. En el lago podemos encontrar un barco de mármol que la empratriz Cixi construyó, irónicamente, con dinero del presupuesto que iba dedicado a la marina en un principio. Ni en la marina, ni en el pueblo, sentó muy bien el dispendio; pero Cixi defendió el barco como un símbolo de estabilidad y perennidad; cuando en realidad solo lo utilizaba para dar fiestas.

Barco de mármol

El barco de Cixi, ahora más de madera que de mármol.

Después del Palacio de Verano hice una visita fugaz al Templo de los Lamas, que era lo más cerca que iba a estar de la cultura Tibetana en China. El templo es mucho más grande de lo que parece y está rodeado de tiendas que venden exclusivamente incienso. El paseo es interesante aunque no dejaban hacer fotos dentro de los templos. Había un cartel que decía “Don’t burn incense & film in the hall.”; que me hizo mucha gracia porque veía muy tonto quemar incienso o “película” dentro de un templo. Cuando una señora me regañó por hacer fotos en las salas, entendí el cartel como un ejemplo más del peculiar inglés-chino.

Cartel mal escrito en inglés

Un buen ejemplo del inglés chino.

Rueda tibetana.

Quema de incienso

Típica quema de incienso a las puertas de una de las salas.

Mi vuelo salía a las 18. Pero cuando llegué al aeropuerto, a las 16, ví que lo habían atrasado. En realidad, habían atrasado todos los vuelos del día, en principio por la tormenta de la noche anterior. Pero también porque el espacio áereo chino está tan saturado como el  tráfico del centro de Pekín; así que no es una situación nada rara que un vuelo se retrase. Lo curioso fue, que (yo creo que para quedar bien), nos subieron al avión tras hora y media de retraso. Lo absurdo es que el avión no tenía permiso para despegar ni nada; por lo que estuvimos al menos otra hora y media sentados en un avión parado. Lo increíble es que hasta nos dieron la cena y todo; aunque no nos preguntaban si estábamos aburridos o si realmente teníamos hambre.

La espera habría sido llevadera si no hubiera tenido a una especie de señor de negocios sentado a mi lado, que olía a no haberse cambiado de traje desde la nochevieja del 93. El señor me veía leer en inglés y, pensando que su inglés era impresionante, se acercaba a mi (permitiendome respirar su aliento) e intentaba conversar amigablemente, con preguntas base tipo “de donde eres” etc. Lo malo es que su inglés no era tan bueno como él pensaba y aquella situación era insostenible y, aunque me hiciera el loco, el tío insistía una y otra vez. Lo único que entendí era que trabajaba con energías renovables en Mongolia. Pero hubo un rato que me estuvo diciendo que había conocido al presidente de mi país. Y yo flipaba ¿a ZP? ¿este chino ha conocido a ZP? Al final entendí que no era ZP, si no un señor normal que, según mi oloroso amigo, hablaba muy bien inglés. Un intento de pulla que rechacé con una leve sonrisa y regresando a mi libro de 1000 páginas en inglés (a punto estuve de darle a leer dos páginas y pedirle un comentario de texto)

En fin, después de esperar infinitamente despegamos y en un ratito llegamos a Xi’an. La verdad es que, a pesar de los retrasos, estaba antes a la ciudad de los guerreros de Terracota que con cualquier otro medio de transporte disponible. El aeropuerto de Xi’an es otro paradigma de la enormidad. Ahí me empecé a dar cuenta de que en China no hay ciudad pequeña.

Un autobús nos acercó al centro y allí, en principio, iba a andar hasta el hostel. Pero estaba totalmente desorientado, eran las 22 de la noche y no sabía a quién preguntar. Contraté un rickshaw y el tío me llevó en un momento por euro y medio (precio desorbitado para china, perfecto en ese momento para mí) Cuando llegamos a la puerta, solo tenía billetes de 100 para pagarle, y el chico no tenía cambio…ni cara de fiarse de mí. Así que cometí una de las grandes imprudencias del viaje, que no volveré a hacer jamás: le dije que esperara con mi mochila (la de la cámara lo cogí) y entré al albergue a pedir cambio. Dentro me dí cuenta de lo que había hecho y me puse muy nervioso, pensando que el chino iba a arrancar la moto y a huir con toda mi ropa sucia, pero cuando salí estaba allí esperándome con cara de buen chico y; de la alegría que me llevé, le dí una propina de 50 céntimos. El chaval puso cara de no entender a estos extranjeros y se fue a por más clientes. A los dos días, un chico chino que conocí en el albergue me dijo que jamás volviera a coger un trasto de esos, que eran lo más peligroso de toda China.

En el albergue viví otro ejemplo del horrible inglés chino: la chica de recepción me obligaba a pagar por adelantado la habitación y poner un depósito. No tenía suficiente dinero, así que le dije que pagaría mañana. Y ella, erre que erre, que pagaba ahora o no me daba la llave. Así que le dije que me explicara dónde había un cajero: “A la derecha, a la derecha, y a la derecha.” Sus indicaciones me llevaron a una de las calles más oscuras, estrechas y tenebrosas que he tenido la oportunidad de pisar: con más miedo que ganas, acabé dándo la vuelta a la manzana para llegar otra vez a la entrada del albergue; seguir andando un poco y ver que los cajeros estaban a la izquierda, a la izquierda, y a la izquierda. En fin.

La gran alegría de la noche me la llevé al entrar al cuarto: habitación de cuatro, con dos camas ocupadas por dos hermanos irlandeses de…¡¡Cork!! ¡Qué recuerdos! Pasamos un buen rato hablando de los viajes que estábamos haciendo, pero en especial del English Market, del McDonalds azul y de la calle de los pubs con su diversos locales. La pena es que se fueron al día siguiente, pero eso me daría pie a conocer a otros personajes singulares y sin pares…

PRESUPUESTO DEL DÍA (yuanes)

Desayuno: 8 (continental en hostel)

4 viajes en metro: 8

Traslado en tren Pekín – aeropuerto: 25

Palacio de Verano: 60

2 viajes en barco dentro del Palacio de Verano: 20

Templo de los Lamas: 25

Comer: 62 (comí al lado del Templo de los Lamas, no había mucha oferta y este era un vegetariano, caro para el estándar chino pero con unos platos muy grandes y originales)

Un agua y un sprite: 6

Traslado aeropuerto – Xi’an: 25

Rickshaw: 20

Hostel de Xi’an: 190

Cerveza: 20

Total: 449 (44,9 € )

 

 

Día 3 – Pekín (Mutianyu) El del conductor agresivo.(II)

Publicado en China, Viajes por Ismi en noviembre 10, 2011

Finalicemos la aventura con nuestro amigo Nasty y mis últimas visitas del tercer día por China:

Como curiosidad, la sensación de humedad en lo alto de la muralla era altísima, y sudé como nunca. Además, me hice amiguito de un tipo que subía desde un pueblo cargando agua para venderla a 20 yuanes (dos euros)…cuando abajo cuesta 2 (veinte céntimos). Al ver que había buen rollo, me intentó vender una placa que ponía “He escalado la Gran Muralla” Al principio pensé que era una placa que le habían dado a él por escalarla, pero cuando me dí cuenta de la operación de marketing le dije que no podía comprarla porque había subido en telesilla (y eso no es escalar)

La bajada, por cierto, se hace en una especie de tobogán y sobre un patinete…¡mola! Al llegar, Nasty estaba indignado por la espera, a pesar de que era la hora exacta a la que habíamos quedado. En el viaje de vuelta mantuvimos la misma simpática conversación que a la ida: ninguna. Pero eso fue hasta que llegamos a la ciudad: me indicó dónde pillar el autobús a Pekín y….¡me exigió 50 yuanes (5 euros) más! 10 por la espera, 40 por el viaje de vuelta.

Eso me pilló de sorpresa, así que le dije que no, que no era lo acordado. En realidad, el tío era un listo, porque sólo habíamos acordado un viaje, el de ida, y yo había cerrado un trato incoveniente sin darme cuenta y confiando en la buena voluntad del chino; sobreentendiendo que los 40 serían por la ida y la vuelta.

Pero bueno, me reboté y le dije que no, que no pensaba darle ni un yuan más (una vez más, de repente 50 yuans parecían 50 euros) Y…¡menudo cabreo cogió Nasty!Golpeó el volante. Bajó del coche y cerró de un portazo. Me gritó a través de la ventanilla.

Vale, ahí ya me estaba asustando un poco. Y dije, “que cabrón, me ha pillado y no me volverá a pasar, pero toca pagar” Abrí la cartera…¡sólo habían 20 yuans! Compungido, le enseñé la miserable cartera a Nasty. Su reacción fue cuanto menos espectacular. Se puso a llorar, me rogó con las manos, comenzó a patalear… supongo que todo habría acabado ahí (o no , tal vez hubiera ido a peor) si no hubiera sido por la aparición de un policia muy serio. La verdad es que ahí me las vi putas, porque no sabía que puñetas le estaba diciendo Nasty al poli, que no me miraba con muy buena cara (a pesar de que me había duchado esa mañana)

Así que opté por no darle la oportunidad de actuar al policia y saqué mi guía de conversación. Le enseñé a Nasty la palabra “Cajero Automático” en chino y el efecto balsámico fue inmediato: sereno, y como si fueramos amigos de toda la vida, me acompañó al cajero y dejamos al policia con sus cosas de policias. Le dí el dinero llamándole cabrón para arriba y él supongo que me llamaría otras cosas en chino (son mis conversaciones favoritas, unos las sueltan en chino y otros en castellano y los dos nos quedamos tan panchos) Cada uno se fue por su camino y todos felices.

Este episodio me dejó una serie de conclusiones que traté de aplicar en todo el viaje:

1-Los yuans tienen muchísimo valor para esta gente, cuando para nosotros valen muy poco. Hay que tenerlo en cuenta para entender ciertas actitudes y saber cuándo van a intentar estrujarte al máximo. También hay que tenerlo en cuenta para manejar estas situaciones con mano izquierda.

2-No cierres un acuerdo si no está cada punto del mismo super claro. Los chinos van a cumplir lo acordado, pero si hay “vacíos legales” van a aprovecharlos. Y tratarán siempre de sacar el máximo beneficio de todo.

3-Ningún chino va a cerrar un acuerdo contigo si no es beneficioso para él. Así que no te cortes en regatear hacia lo más bajo posible. Esto lo vi efectivo en Xi’an, querían cobrarme entre 12 y 20 yuans por una bolsa de dulces en un mercadillo (probando varios puestos) En una tienda estaba a 10.

4-Lo peor de los chinos es hacer negocios con ellos. Para todo lo demás, son personas geniales e interesantes.

A mi vuelta a Beijing me paseé por el Templo del Cielo y por la zona de los Juegos Olímpicos.

Niños chinos haciendo carreras dentro del estadio nacional

Mientras no tienes unos juegos olímpicos a mano ¿Por qué no dejar que los niños jueguen?

La verdad, lo más curioso fue donde los Juegos, con toda la construcción moderna y orgullo nacional que había por ahí, me topé con un centro comercial subterráneo. En la entrada, un cartel de “fotos no” y a cada 50 metros…un policia…vigilando…un centro comercial…vacío… Todas las tiendas cerradas con los escaparates empapelados y sólo un macdonalds y un fast-food chino abiertos. Todo estaba nuevo. La idea que me provoca es que hay alguien en China que no quiere que se sepa que tiraron un montón de dinero en un centro comercial que ahora está sin actividad. Pero puedo estar equivocado. Seguro que hay otra explicación.

Templo del Cielo

El Templo del Cielo. Dudaba si el cielo estaba contaminado o nublado. La tormenta de la noche y el sol del día siguiente, me confirmó que las dos cosas.

Jóvenes chinas saludan en el templo del cielo

Jóvenes chinas tras ser sorprendidas haciéndoles fotos a escondidas a una pareja de suecos (muy altos y rubios los dos)

PRESUPUESTO:

4 billetes de metro: 8

Comida: 26,5 (fast food chino)

Cena: 23

Billete del bus que no usé: 10

Billete real a muralla (ida y vuelta): 24

Transporte Mutianyu – muralla (ida y vuelta con parking): 100

Entrada muralla + teleférico + tobogán: 110

Entrada Templo del Cielo: 35

Bebidas del día: 20-40.

Total: 398,5 (39,85 € )

Día 3 – Pekín (Mutianyu) El del conductor agresivo.(I)

Publicado en China, Viajes por Ismi en noviembre 9, 2011

Amanecía el tercer día en China con una inadecuada sensación de seguridad: dentro de lo que cabía, me estaba gestionando muy bien el viaje, casi como un profesional, y sin ningún incidente. Tenía a China dominada. Pensaba esto mientras desayunaba huevos revueltos, jamón falso, zumo y fruta en el albergue; sin saber que, al final del día, ya me habría dado cuenta de lo equivocado que estaba.

El objetivo principal era visitar la Gran Muralla China. Hay varias zonas para visitar y cada una ofrece una experiencia diferente, aunque la esencia paisajística y la visión de la muralla serpenteando entre montañas debe ser similar en todas. La Lonely Planet dedica cuatro páginas y media de su guía a desarrollar las seis zonas principales para visitar, aunque seguro que hay más. Teniendo en cuenta que todo podría haber variado por lo viejo de mi guía elegí Mutianyu, parecía fácil de visitar y con menos turistas que Badaling, la zona más famosa y explotada.

Sin embargo, viajar por tu cuenta no es nada fácil en China. La guía explica en dos párrafos muy largos cómo llegar, aunque lo básico es: coger el bus 916 o 980 en la estación de Dongzhimen hasta Huairou y de allí un minibus hasta la muralla. Y así empieza la aventura:

Nada más salir del vagón de metro me asalta una mujer “¿Gran Muralla?¿Gran Muralla?” Pero…¿Cómo lo sabe? ¡Podría estar yendo a cualquier sitio! ¡Es horrible ser TAN guiri! Total, que le digo que sí, pero con gestos de “paso de tu rollo” Y ella “¿qué zona?¿qué zona?” (era una mujer que decía todo dos veces) Y yo… “Mutianyu” Y ahí se activa la maquinaria de marketing – estafa china: ella pone cara mala, muy triste y dice “Uyyy…no…mal…mal…muy feo…muy feo…” para al instante emocionarse como si hubiera tenido una divina revelación y añadir “¡Badaling!¡Badaling!”

Yo, que no quiero que me cuelen un tour porque sí, le digo que no y salgo corriendo. Y la tía me sigue por la estación de metro, con la sana intención de indicarme por dónde se sale a la estación de autobuses. O eso dice. Aunque no me hace falta la indicación, yo la agradezco y sigo a lo mío. Mal hecho, porque el buen gesto le hace envalentonarse: insiste en que Mutianyu es lo más parecido a una mierda muerta que puedo ver en china y me da su tarjeta de “china tours” Pero yo sigo estoico y paso de ella. Llego a la estación, entro a una especie de panadería para desayunar y a la salida aún está ella con cara de “Yo nunca lo haría, no me abandones…”

Pero…¿qué le he hecho yo, señora?

Esto se junta con el momento de desconcierto “¿Dónde coño estará el autobús correcto?” No veía nada parecido a unas taquillas, y todas las dársenas estaban rodeadas de vallas raras. La mujer me pilla en standby y me pregunta que qué busco. Pues el bus de Mutianyu, le digo, el 980, por decir algo. Y ella, automáticamente, sale corriendo diciendo “¡Por aquí!” muy emocionada. Querrá propina, pienso, y sigo a la señora. Me lleva al otro lado de la estación y me sube a un autobús con el 980 arriba, muy moderno, repleto de chinos que me miran y un conductor muy serio. La señora me dice que meta 10 yuans (1 €) en una caja, a modo de pagar. Lo hago, y ella me sigue muy sonriente… por supuesto, eso me hace sospechar (que me guiara hasta el autobús NO era suficiente) Así que le pregunto al conductor “¿Mutianyu?” lo que provoca que el tipo se levante y empiece a pegarle gritos a la señora, ella le grita a él mientras me intenta empujar dentro del autobús y todos los chinos se empiezan a descojonar. Curiosamente, lo que más me cabreó en ese momento fue pensar que había tirado 10 miserables yuans a una caja imposible de abrir, así que me bajé del autobús jurando en castizo cosas poco bonitas.

Esta vez, la señora se abstuvo de seguirme y, enseguida, me encontré con otro autobús, mucho más cutre y…¡con el número 980 arriba! ¡jodidos chinos! Qué manera de complicar las cosas.  Esta vez pregunté y era el correcto, costó algo más caro que el otro, pero había sobrevivido a otro intento de estafa en Pekín. Yuhu.

Cuando creía que todo sería coser y cantar, llegamos  a Huairou. Mi objetivo era llegar a una especie de estación de autobuses (a la que le suponía la existencia) Pero ibamos parando en mil sitios dentro de la ciudad, y en cada parada subían conductores de furgonetas pegando gritos. Al principio nadie les hacía caso, algunos se acercaban a mí y me gritaban más que a los demás, como si así les fuera a entender (la mujer que estaba sentada a mi lado se cambió de sitio, me convertí en el tío raro del autobús…) Al final, en una parada, un tipo tuvo un montón de éxito y se bajaron muchísimas chinas. Supongo que se vino arriba, porque se acercó a mí e hizo un montón de gestos. En especial, se señalaba un logo de la manga, como si eso lo hiciera muy especial.

Así que probé diciendole lo de Mutianyu. El tío (Nasty Driver, a partir de ahora) me decía que por 4 euros me llevaba. Intenté regatear, pero se enfadó mucho, así que tal vez era un tarifa estándar y, cansado de que me gritaran, le dije que sí. Total, que el tito Nasty me subió a una furgoneta viejísima, reventadísima por dentro (le faltaban trozos de salpicadero) con una señora china. Yo, supongo que por ser el occidental “millonario” iba de copiloto, y la mujer sentada detrás en una silla poco recomendable.

Nasty era todo un caballero, si le hablaba de lo bonito que era China, abría la ventanilla y escupía, si hacía una foto a su falso amuleto de jade, se animaba a adelantar en curva y si ponía cara de susto, se reía enseñándo muchos huecos en sus dientes y me daba un folleto de la muralla, como para prometerme que llegaríamos vivos.

Amuleto del conductor

En realidad, no creo que ni siquiera sea de jade falso el amuleto este.

A la mujer la dejamos en medio de la carretera. Así que Nasty y yo hicimos un buen trecho juntos hasta la muralla, con algún conato de accidente solucionado con volantazo y exabrupto en chino. Al pie de la muralla había un parking. Nasty aparcó y me pidió un euro para pagar. Eso me extrañó un poco, pero no tenía ganas de discutir (personalidad tipo B a tope) y se lo dí para subir de una puñetera vez. Pero el tío no me dejaba irme, quería quedar para volver…¡Qué maravilla! ¡Al final sería majo el hombre y todo! Con ayuda de la guía de conversación, quedamos para dos horas y media después y por fin, subí en el peor y más tétrico telesilla de la historia de los telesillas (¿recordaís los bancos de los parques a finales de los 80? creo que se los vendimos a los de Mutianyu para hacer telesillas)

Pero, por fin, estaba arriba. Y de verdad, merecía la pena. Debían de ser las nueve de la mañana y había poquísima gente en la muralla. La vista, a pesar de la neblina, no sé si matutina o propia de las montañas, era espectacular. Y la muralla serpenteaba entre montañas y se perdía muy lejos.  Y, de verdad, todo lo que había pasado para llegar (y lo que iba a pasar) mereció la pena por esto.

(Perdonad la baja calidad de las fotos :_( ) Bajar sería otra historia, que pongo en otro post, que este ya es muy largo.

Vista general de la muralla

La Muralla, serpenteando.

Plano general de muralla

Yo esperaba más gente, esta foto es cuando me iba.

Interior de la muralla, el espacio es ampio

Me sorprendió lo ancha que es la muralla.

La muralla desde uno de los puestos de vigilancia.

 

El viaje sigue en:

Índice

Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party”

Día 2 – Pekín. El del callejón más sucio y famoso de China.

Día 2 – Pekín. El del callejón más sucio y famoso de China.

Publicado en China, Viajes por Ismi en agosto 25, 2011

El segundo día en China pasé la mañana en la Ciudad Prohibida. Es absolutamente inmensa y, según la Lonely Planet, puedes estar allí un par de días sin problemas. A mi no me dió para tanto, tuve bastante con andar lentamente entre chinos, ser asaltado para que me hiciera una foto con alguien (un señor mayor me agarró firmemente del brazo con tal objeto) y desfallecer de calor. Eso si, sin duda merece la pena, en especial los patios en los que caben 100.000 personas y estaban todos prácticamente llenos…¡¡imaginaos cuántas personas al día visitan la Ciudad Prohibida!!

Multitud en uno de los patios de la Ciudad Prohibida

Raveros chinos dándolo todo en la Ciudad que, como era Prohibida, la pillaban con ganas.

Grupo de jóvenes chinos en la Ciudad Prohibida

Estudiantes chinos que me pidieron una foto de famoso. Ahora ellos son famosos. Muy majetes.

Después me acerqué a comer a un sitio de jiaozi (empanadillas chinas) Estaba un pelín lejos de la salida de la Ciudad, pero la guía lo “super-recomendaba” Nada más salir de la Ciudad Prohibida me asaltó un tipo montado en rickshaw, que me quería llevar por dos yuanes. Sin pensármelo le dije que no y seguía andando, mientras él me ofrecía el viaje por…¡¡1 yuan!! Y yo con un ataque de tacañería imposible, que no, que voy andando, que es muy sano. A los diez minutos de dejar al transportista detrás, me dí cuenta de que acababa de rechazar la mejor oferta de transporte que me harían en toda China…¡¡Llevarme 500 metros por 10 céntimos de euros!!A veces pasa que te pones a regatear y de repente valoras los yuanes como si realmente fueran tu moneda, y cada yuan te vale oro cuando…no es para tanto.

Por lo menos durante el camino me entró otra chica de estas del timo del té, y la tuve un rato soltándome rollos, hasta que se dió cuenta de que no iba a ir a ningún lado con ella a pesar de que fuera muy guapa y muy lista.

El sitio de las jiaozi era increible, pequeño, poca gente y todo estaba buenísimo. La carta estaba en chino, pero el camarero era muy majete. Primero le señalé una recomendación de la Lonely Planet (además de las ciudades, trae algunos platos en chino…¡superútil!) Unas empanadillas de cordero con cebolleta y mi primera Tsing-Tao (la cerveza china baratuza, las venden en pintas, que diría algún hobbit, o en botellas de medio litro más bien) No puedo expresar con palabras lo bueno que estaba aquello…¡¡y era baratísimo!! Así que me pedí unas de verduras con la ayuda del camarero y la guía de conversación. No estaban tan ricas, pero muy bien también.

Cerveza china (Tsing-Tao)

Mientras esperaba mis empanadillas, me refrescaba con la única cerveza china que patrocina a la NBA. ¡Sí!

De allí visité los parques que están detrás de la Ciudad Prohibida. Lamentablemente, esta vez nadie intentó llevarme por dos yuanes, aunque yo habría pagado veinte (dos euros, ejem) Pero bueno, bajé un poco la comida. Tras la caminate, visité los parques Jingshan y Beihai. El parque Jingshan está justo detrás de la Ciudad Prohibida y, en teoría, está formado por la tierra que excavaron  para construir la Ciudad Prohibida (que viéndola, me lo creo) La gracia del parque es subir a lo alto y ver la Ciudad Prohibida desde allí. A Marco Polo ya le gustó mucho el parque este, y hay un fragmento en “Los viajes de Marco Polo” (o El Millón / El Libro de las Maravillas) que habla del parque y de su origen artificial. Este texto se puede leer en un cartelón en la entrada del parque.

Dos hombres observan la Ciudad Prohibida desde lo alto del parque Jingshan. La Ciudad está cubierta por la contaminación.

¿Qué ven tus ojos de elfo? ¡No es más que un jirón de polución!

El parque de Beihai es un enorme jardín imperial (69 hectáreas) que en su mayoría están ocupadas por un lago. Así que es un buen lugar para refrescarse un poco. Tras curiosear fuí a descansar un rato al albergue porque por la noche quería dar una vuelta por el famoso callejón donde venden insectos listos para comer: el mercado nocturno de Donghuamen.

La verdad es que me costó lo mío encontrar el sitio. Bajé en la estación de metro correcta, pero me equivoqué de salida y aparecí en un centro comercial del que era absolutamente imposible salir.  Después de deambular algo más de media hora, conseguí salir pero, cuando llegué a la calle,¡ la boca de metro más cercana era la siguiente parada de metro en el mapa! Es decir, había caminado al revés para terminar en la siguiente parada. O lo que es lo mismo, en china, una buena medida para construir centros comerciales es la de “paradas de metros” Este era el clásico caso del tamaño “una parada de metro”

Mucho más tarde conseguí llegar al mercado, que está cerquísima de la parada de metro de en la que me había bajado, por cierto. Bien, el mercado no es un sitio apto para estómagos sensibles: huele mal, hay mucha gente, se acumula basura en el centro del pasillo general y notas como la basura ralentiza tu avance. Y todo rodeado de sana y nutritiva comida. Me pedí un mini kebab. Había un cartel en chino que ponía “5 yuanes” (para una cosa que sé) y le pregunté al vendedor que cuánto valía. Va y me dice que quince. Y le digo, hombre, si ahí pone 5. Y se ríe y dice algo así como que era broma. Total, que le pago con un billete de 20 y me devuelve 5. Será posible.

¡Ah! Las famosas brochetas de insectos. Yo no soy dado a eso, así que no las probé, pero bueno, tienen pinta de turistada internacional, ni los chinos guiris se las comían. No sé si habitualmente se comerán en algún sitio de china, seguro que sí, pero en todo el viaje no volví a ver un misero puestecillo de insectos. Y en el mercado este sólo había un par. Una curiosidad más y ya está. Lo que si venden mucho es una especie de yogur para beber con mucho azúcar. Te lo venden en cristal, fresquito, y con pajita, y luego tienes que devolver el cristal. El sabor era un poco fuerte, así que no volví a probarlo en todo el viaje…¡me parece que soy más fan de las empanadillas, los arroces y los noodles!

Puesto de venta de brochetas de insectos en el mercado de Donghuamen

¡Al rico bichejo!

El viaje sigue en:

China. Índice

Día 0 – Madrid – Moscú – Pekín. El del chico de negocios enfermo.

Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party”

 

Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party”

Publicado en China, Viajes por Ismi en agosto 23, 2011

Me levanté tardísimo y con mucha hambre, así que lo primero que hice fue buscar un sitio para comer. El albergue era una especie de casa grande con patio. La verdad, las fotos prometian más. Pero no estaba mal: las chicas de allí eran muy majas y me indicaron de un sitio para comer. Ya eran casi las dos, así que me acerqué. Con tanto cartel en chino, me costó un poco encontrarlo, pero al final conseguí entrar a un restaurante con un montón de mesas apelotonadas. La carta tenía mil fotos de los platos y todos parecían enormes. En el resto de mesas, los chinos compartían grandes fuentes de comida. Pedí pato a la pekinesa, que tampoco me gustó demasiado (ni siquiera tenía muy claro si me lo estaba comiendo correctamente) y aprendí que los chinos no beben agua durante sus comidas, aunque a veces se permiten tomar tés fríos o cervezas.

Mi primera parada iba a ser la Plaza de Tiananmen. El metro de Beijing (20 céntimos el viaje) funciona genial y es muy fácil de utilizar. Lo único un poco molesto es que en cada estación hay controles de seguridad; del tipo de pasar la mochila por un escaner. Supongo que está bien por la seguridad, pero los chinos no están para chorradas y se amontonan en torno el control tirando sus cosas, si echan la tuya detrás de tu mochila, se cuelan e intentan que su bolsa salga antes (como si fuera posible, se plantan delante como si su bolsa se fuera a colar a mi mochila también) Los casos extremos son los que, directamente, se saltan el control. Aunque el vigilante de turno ponga su brazo a modo de barrera y se quede a verlas venir; ellos empujan y hacia adelante. A veces hay algún grito, pero parece que los vigilantes del metro no son policias y la mayoría pasa bastante de ellos.

Pero eso, que el metro muy bien. Excepto algunos cambios eternos (incluyendo seguir un caminito que te saca al exterior de la estación, parece que lo hayan hecho sin previsión de futuro) Bajé una parada antes de la plaza. Un error, porque las distancias en Beijing son enormes y estuve andando mogollón. Cuando llegué, había una barrera de seguridad: a Tiananmen sólo se puede acceder por una valla en la que también hay controles de seguridad; por lo que tuve que dar la vuelta a toda la plaza para poder entrar. Supongo que es porque está el mausoleo de Mao, o por lo que significa la plaza en sí.

Aquí aluciné mucho con la sobredosis de chinos. La verdad es que luego te acostumbras, porque pasa en todos lados, pero vamos, habían chinos, chinos everywhere. Era una barbaridad y un auténtico agobio. Un poco de jet lag, choque cultural, contaminación extrema y masificación “masiva” y te entran muchas ganas de salir de Pekín.

Multitud de chinos descendiendo a un túnel subterráneo para pasar por debajo de la Plaza de Tiananmen

Cuando un chino hace algo, a muchos otros les parece una gran idea. En este caso, cruzar la plaza por un túnel subterráneo.

Visitando la plaza, tuve mis dos primeras experiencias chinescas. La primera, vinieron dos chicos. Uno gordito extremadamente feliz, y el otro con cara de no enterarse de nada. Empezaron a hablarme en inglés y eran majísimos. Estaba maravillado con su inglés, y lo único que se me ocurrió fue que querían ligar conmigo. No entendía nada. Así que le estuve dando vueltas a como quitármelos de encima. De repente, me dijeron algo de ir a tomar un té, en una fiesta… algo muy tradicional…¡y ahí me dí cuenta! Era el archiconocido timo de la “tea party” Si no os apetece pinchar el enlace, en el que un montón de viajeros cuentan su experiencia con eso, solo os diré que es exactamente lo que me pasó: si les dices que sí, te tomas algo con ellos en un sitio en el que están conchavados con el dueño y te cobran una pasta por una mierda de té. No os dejeís engañar, a veces son muy atrayentes. Otras veces son un completo desastre, como un señor que no conseguía balbucear muy bien el inglés en Shanghai y me aseguraba que era profesor de inglés (¿?) En fin, con sonreir y decir que no, es suficiente para que se vayan, lo malo es que son un poco pesados, creo que en todo el viaje tuve al menos a ocho de estos.

Nada más librarme del gordo y el flaco, me entró otro chaval. Ya iba a darle puerta y aire, cuando ví que este estaba haciendo mucho esfuerzo por pronunciar algo entendible. Gesticulaba mucho. Hacia como un rectángulo con los dedos y luego movía el índice sobre el rectángulo. Me señalaba ¡Quería una foto conmigo! En estado de shock, le digo que sí, afirmando con la cabeza y me dispongo a mi segunda experiencia chinesca del día.

Yo esperaba que sacara una cámara, pero no, desapareció y me dejó con un amigo suyo que no dejaba de mirarme y sonreir. Esto era un poco incómodo, así que hice gestos de preguntarle “¿Y la cámara?” y el tío me señala a su amigo, en el otro lado de la plaza… hablando con un fotógrafo. Se ve que en China hay mucha gente que no tiene dinero para una cámara; por lo que en muchos sitios turísticos hay señores con cámaras digitales, más o menos profesionales, que cobran por hacer fotos a la gente. ¡El chaval iba a pagar por una foto conmigo!Si hubiera estado suelto comunicativamente y con menos jet lag, se la habría pagado yo, porque se me hace un poco raro que alguien pague por hacerse una foto conmigo. Suena hasta mal.

Esto de las fotos no es nada raro. A veces es molesto, te cogen y te hacen la foto. Aunque la mayoría de veces te lo piden. Pero vamos, se ve que hay muchos chinos que, a pesar de las pelis occidentales, aún alucinan cuando ven a un barbudo, a un tío alto o a un rubiales (creo que estos tres especímenes son con los que más flipan) Al final era hasta divertido, y luego les hacía yo una foto, para devolverles la jugada.

En fin, que vino el hombre muy contento con su cámara y nos hicimos dos fotos, una con el fondo norte de la plaza detrás, otra con el fondo este. A cada foto yo tenía que coger al chino un poco como si fueramos amiguitos y sonreir mientras el fotógrafo (un tío muy profesional) levantaba un dedo y decía “¡Yi!¡Er!¡San!” (no se pronunciarán exactamente así, pero bueno) Creo que notó que me era un poco rara la situación porque después de la segunda le dijo a su amigo que se pusiera conmigo, y así completamos los puntos cardinales de la plaza. Los chicos se fueron muy contentos y me dieron las gracias con mucha vergüenza y un inglés terrible. A mi me dió más vergüenza, pero al finalizar el segundo día en China ya estaba super acostumbrado ¡ Era como ser famoso!

Plaza de Tiananmen, una chica toma una foto a otra ante la mirada de un vigilante, al lado de un puesto de fotografía.

El armatoste de la derecha es un puestecillo de hacer fotos a la gente. El guardia está bajo la sombrilla de casualidad. Creo que la chica que hace la foto es amateur.

Tras una vueltecita por la plaza, me acerqué a la estación de trenes para intentar conseguir un billete para Xi’an. Sacar un billete en China es una experiencia bastante traumática. Hay muchas estaciones, todas son enormes y en todas da la sensación de que todos los chinos están allí en ese momento. Por suerte, en la estación oeste de Pekín hay una ventanilla que hablan un inglés suficiente para vender billetes de tren. Lamentablemente, sólo habían plazas de sentado, así que pensé en ir en autobús. Fui al albergue a preguntar dónde los podía comprar, y la chica puso el grito en el cielo “¡Los autobuses son peligrosos!” y se puso a llamar por teléfono para conseguirme esa plaza de sentado en el tren. Lamentablemente, en el tiempo de cenar (unos noodles muy buenos que me sirvió una camarera que se reía de mí, porque solo era capaz de pedirle una cosa que estaba en una foto, pero ella era muy maja…) Eso, que en el tiempo de cenar se habían agotado los billetes de ese tren. Así que, aunque reticente, hice caso a la mujer y compré un billete de avión a Xi’an (de paso, arañaba unas horas en Pekín)

En realidad, como me había levantado tarde, no hice tanto; pero acabé con la sensación de haber hecho mil cosas y me fui a dormir casi enseguida. El día siguiente se presentaba muy activo, con la visita a la Ciudad Prohibida.

Propaganda comunista en la plaza, referente a los 90 años del Partido Comunista Chino.

En gran parte de China se podían ver carteles propagandísticos. E incluso monolitos de este estilo que celebraban los 90 años del Partido Comunista Chino.

El viaje sigue en:

China. Índice

Día 0 – Madrid – Moscú – Pekín. El del chico de negocios enfermo.

Día 0 – Madrid – Moscú – Pekín. El del chico de negocios enfermo.

Publicado en China, Viajes por Ismi en agosto 21, 2011

Por primera vez en mucho tiempo tenía nervios de insensatez antes de un viaje. Nervios de “¿Dónde me estoy metiendo?” Y “¿Cómo se me ocurre irme solo a China?” Pero los billetes estaban comprados, la mochila preparada y la marcha atrás hubiera sido ridícula. Así que acudí a mi cita con Aeroflot con la mochila más ligera que recuerdo de mis últimos viajes; lo cual es todo un logro.

La compañía no me daba nada de miedo, ya volé con ella hacia Japón y acabé más que satisfecho. Esta vez salía por la noche, llegando a a Moscú a las 6 de la mañana y teniendo que hacer unas 6 horas de escala para coger el vuelo a Beijing. Tampoco me preocupaba mucho la espera; pensaba dormir en el avión, así que no creía que se me fuera a hacer muy dura.

Sin embargo, las cosas ya tomaron un giro inesperado antes incluso de que el avión despegara: A mi lado se sentaron dos chavales muy majos, uno de Madrid y otro chino que llevaba muchos años en España. Iban a Shanghai a hacer negocios y el chico chino haría de intérprete. La verdad es que eran agradables y estuvimos hablando mientras esperábamos a que se pusiera el avión en marcha. Y, cuando nos dirigíamos a la pista de despegue, el madrileño empezó a encontrarse muy mal y tuvo que pedir permiso para ir al baño (¡a punto de despegar que estábamos!) Según el chino, le debía de haber sentado mal un sandwhich que llevaba mayonesa. Cuando el chico volvió, dijo encontrarse algo mejor (lo había echado todo) pero no traía buena cara; y una azafata le preguntó si estaba seguro de poder continuar con el viaje. Supongo que hay que encontrarse  en las últimas para decir que no, y el chico pidió que no parara la fiesta.

Nada más despegar, necesitó ir al baño otra vez. El chino me mostraba su indignación “¡Un sandwhich, por un sandwhich así! ¡Antes estaba perfecto!” A su vuelta el chico evidenció una necesidad de medicinas y así lo solicitó a la azafata. El problema es que el inglés de nuestro amigo madrileño era escaso, y el del chino, nulo, así que ahí entré yo en juego haciendo de intérprete en la medida de mis posibilidades. Las azafatas le trajeron una ristra de diez pastillas negras como el carbón, y le pidieron que se tomara una cada quince minutos (sí, tenía entretenimiento para todo el viaje) Con las pastillas negras y su envoltorio en ruso, al chaval le entró un ataque de desconfianza terrible. Las azafatas aseguraban que iba a ser una especie de limpieza de estómago y que iría genial, y el chico decía que para qué, si ya lo había tirado todo.

Sorprendida de que aún estuviera mal, una azafata muy amable le tomó la tensión y, como tampoco parecía tener mucha idea, le dijo que si quería que preguntara aquello de “¿Hay algún médico en la sala?” a través de la megafonía del avión. El chico dijo que no, que necesitaba descansar (sudaba mucho, por cierto) La azafata le pidió que si empeoraba que avisara, y que si estaba malo a la llegada que lo dijera para pedir un médico en el aeropuerto y que se pusiera en la cola del avión.

Cuando, egoístamente, pensaba que iba a tener un viaje muy tranquilo, porque estos se ponían detrás, la azafata me pidió que, en calidad de intérprete (eso quería pensar yo, en realidad, la cola estaba ocupada por tres personas de la misma familia y no las querían separar) me pusiera con ellos en la cola del avión. Nuestro amiguito se había quedado roque tras un chute de pastillas del chino, dejando las negras a mitad, y yo no dormí en todo el viaje gracias a la realística sensación de turbulencias que produce la cola del avión. Y es que, por cierto, el trayecto Madrid – Moscú es muy turbulento, de cuatro veces que lo he hecho, tres han sido con la mayor parte del viaje en modo turbulencias.

En fin, que de no dormir llegué hecho polvo al aeropuerto de Moscú, y las seis horas fueron un suplicio. Estuve acompañando a estos chicos un rato, desayunando cosas carísimas (por los desmesurados precios del horrible aeropuerto de Moscú)  y estuve muy cerca de dormirme y quedarme fuera del avión. Tuve que poner el ipod a toda pastilla con Les Savy Fav para no quedarme roque al lado de una máquina de absorber humo de tabaco (que no funcionan muy bien y dejan un olor horrible) pero lo conseguí y monté.

El avión no es como el de Japón. Es de estos que tiene una tele para todos, las películas van en cinta y todo tiene un look Mad Men inquietante. Pero era cómodo, me sorprendió eso positivamente, a pesar de no tener mi centro de ocio particular. De todos modos, ahí caí muerto y casi no me enteré del viaje.

En Pekín me recogió un primo de Bob, El Silencioso, un chino que no hablaba nada, pero que cuando lo intentó (para preguntarme por el número de teléfono del albergue, porque tenían la puerta cerrada, eran las 2 de la mañana) no conseguía comunicarse mucho. Fue la primera de las muchas dificultades de comunicación que tuve, mucho mayores que en Japón o cualquier otro país en el que haya estado. Al final nos abrieron, por ciencia infusa o porque llamé a la puerta, a pesar de que el conductor no quería porque había un cartel que debía decir: “no seas cabrón y te nos pongas a llamar al timbre después de las doce”.

Estaba cansadísimo, así que aquello fue ducha y directo a dormir, el viaje no había hecho nada más que empezar.

Viaje a China. Índice.

China. Índice.

Publicado en China, Viajes por Ismi en agosto 21, 2011

Del 10 al 30 de julio de 2011 estuve viajando en solitario por China. A continuación teneís el índice de todas las etapas, que irán estando disponibles a medida que las vaya publicando. También un especial que quiero hacer sobre los chinos y sus actitudes hacia ciertas cosas de la vida diaria, que he ido observando y no son más que impresiones mías. Esta serie se llamará “Los Chinos y…” y aquí también podreís ver su índice.

ÍNDICE VIAJE A CHINA – JULIO 2011

Día 0 – Madrid – Moscú – Pekín. El del chico de negocios enfermo.

Día 1 – Pekín. El del primer intento de “tea party”

Día 2 – Pekín. El del callejón más sucio y famoso de China.

Día 3 – Pekín (Mutianyu). El del conductor agresivo.(I)

Día 3 – Pekín (Mutianyu). El del conductor agresivo. (II)

Día 4 – Pekín. El de la tarde en el aeropuerto.

Día 5 – Xi’an. El del anciano del palmito.

Día 6 – Xi’an. El del primer viaje en tren.

Día 7 – Chengdu (Leshan) El del billete comprado.

Día 8 – Chengdu. El de las señoras que me quieren cuidar.

Día 9 – Quiyang – Anshun. El de los americanos.

Día 10 – Anshun. El del bus sin espacio para piernas.

Día 11 – Yangshuo. El de las carreras.

Día 12 – Longsheng. El de la excursión extra.

Día 13 – Yangshuo. El del puente del Dragón.

Día 14 – Yangshuo. El del mejor y el peor día.

Día 15 – Shanghai. El del día depresivo.

Día 16 – Shanghai. El de Tom.

Día 17 – Shanghai. El de los jóvenes de negocios.

Día 18 – Shanghai. El de los últimos intentos chinos.

ÍNDICE LOS CHINOS Y…

1 – Los extranjeros.

2 – El timo de la fiesta del té.

3 – La venta callejera y el regateo.

4 – La policia comunista.

5 – Poner una denuncia.

6 – El inglés.

7 – El tráfico.

8 – Viajar en tren.

9 – Viajar en autobús.

10 – El transporte dentro de la ciudad.

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China. Día 1. Prueba desde iphone

Publicado en Uncategorized por Ismi en julio 12, 2011

Pues ya estoy en Beijing, la capital de China. El viaje ha ido de mal a mejor: comencé al lado de un tipo que le había sentado mal un sandwhich y no paraba de vomitar. Viajaba con un amigo chino y ninguno sabia inglés, así que tuve que hacerles de intérprete. Aunque era una labor muy agradecida, provocó que me cambiaran junto a ellos a la última fila para tenernos controlados, en especial al enfermo ( por cierto, hubo conato de “hay algún médico en el avión?” lo que me habría hecho mucha ilusión. En fin, que en la cola las turbulencias se notaban cosa mala, y hubieron unas cuantas.

Con 0 dormido; llegamos a una terminal bastante absurda y chunga,con excesivas tiendas que no vendían nada y muchos rusos y asiáticos de paso. Las seis horas se hicieron larguísimas.
El último avión muy bien,y me sorprende estar escribiendo esto porque era un boeing 767 viejísimo. No tenían pantalla individual y las pelis las ponían con una especia de cinta beta en una maquinaría complicadísima. Era un avión tipo casa vieja: de techos altos. Lo peor fue el aterrizaje, creo que el piloto nos dejó caer y ya está… En la vida había dado tantos bandazos en la pista de aterrizaje.

Ahora voy a probar si esto se publica, y ya escribiré más otro rato, que toca dormir.

Feria del Libro

Publicado en Personal por Ismi en mayo 29, 2011

Hoy me he pasado por la feria del libro de Madrid. Jamás había ido un sábado por la tarde, y espero no volver nunca, al menos en la hora punta. Creo que mi primer año fui entre semana, el segundo año en un domingo lluvioso y el tercero un domingo por la mañana (que firmaba Reverte y me hacía una absurda ilusión)

Esta edición de la feria, que tiene por invitada a Alemania, probablemente ha desatado mi “yo” más culturalmente disperso, y he actuado totalmente por impulsos. Aunque tenía unas cuatro novelas en mente, estas han sido mis opciones:

Portada - Historias Cortas de Naoki Urasawa

Historias Cortas de Naoki Urasawa

Este lo andaba buscando y lo he visto en el stand de Planeta. Había leído un montón de recomendaciones de esta recopilación de historietas de Naoki Urasawa, todas buenas, así que le tenía ganas. Además, esa especie de cocodrilo rosa de la portada me cae super bien xD De Urasawa me he leído 20th Century Boys y estoy empezando Monster, la primera me encantó y la segunda me tiene bien enganchado. En el bus de vuelta me he leído la primera historia y ha sido bastante divertida, así que promete.

Luego, he pasado por un stand de comics y frikerio variado, y me he encontrado con esto.

Portada - Canción de Hielo y Fuego (Juego de Tronos 1)

Canción de Hielo y Fuego (Juego de Tronos 1)

Oooohhh… esto ha sido impulsivo total. Cuando empecé las clases de japonés este año, me recomendaron por activa y por pasiva la saga de George R. Martin. Ahora, encima ha salido la serie y todo el mundo es fan (¡el friki mainstream!) Como yo soy muy del chiste de Hitchock de las cabras y las películas de video, quiero leerme los libros que pueda antes de tirarme a por la serie, sobre todo porque ya les tenía echado el ojo a los libros. Ahora, si me engancha, pues la cosa será imparable. Esta adquisición ha impedido que me compre novelas más convencionales, como alguna de Murakami que me falta o “Un matrimonio feliz” de Rafael Yglesias, que era uno de los objetivos iniciales.

Paseando la mirada por el mismo stand, me he topado con el quinto volumen de Bakuman.

Portada - Bakuman (5)

Bakuman (5)

Creía que aún le faltaba para salir, así que esto ha sido ahorrarme sufrimiento.

Finalmente, me he pasado por Geoplaneta para ver guías de conversación, y me he llevado una muy divertida de mandarín:

Portada - Guía para conversar - Mandarín

Guía para conversar - Mandarín

Además de las típicas frases curiosas y recomendaciones de cómo decir las cosas y hacer los gestos; tiene frases míticas como “Tengo una prima parecida a ti” o “Tocame ahí” o “No pienso hacer el amor contigo sin protección”¡Sin duda, un must!

Y este ha sido el balance de mi feria del libro este año, espero no pasar más por ahí, porque cualquier adquisición después de esto podría ser considerada crimen de guerra xD

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NEXO #TLQM – No soy friki, soy hobbit de nivel 12 -

Publicado en Uncategorized por Ismi en mayo 25, 2011

Desde luego, el friki no nace. Pero tiene que venir al mundo con una serie de cualidades: curiosidad, sentido del humor, imaginación y capacidad de apasionarse. Estas cualidades pueden ser muy genéricas, y lo son, pero bien enfocadas, pueden convertir a una persona absolutamente normal en el peor y más inaguantable de los frikis. Sobre todo, si hay un buen caldo de cultivo para alimentarlas. Sí, me refiero a tus amigos.

Yo era una persona normal. Por supuesto, de zagal jugaba tirar kames debajo del agua, corría como Arale y chutaba el balón con la misma parsimonia que Oliver Atton (lo cual, todo hay que decirlo, no era muy efectivo)Pero un día cometí un error que me distanciaria del resto de adolescentes: con 14 años me leí El Hobbit.

La verdad es que ese tipo de lectura me resultó algo confusa en un principio. Pero sentía que era especial. Magos, enanos, un dragón y los incomprensibles (pero envidiados) hobbits. Fue suficiente como para comentarlo con mi compañero de pupitre, un jovencísimo elfo especialmente interesado en la magia. Desde luego, leyó el libro, y no fue difícil que se sintiera identificado. Algo había empezado: las clases dejaron de existir en nuestra Tierra Media particular.

Por supuesto, lo siguiente era atacar El Señor de los Anillos. Un libraco que siempre había estado en mi casa, pero que me imponía respeto. Lo suficientemente voluminoso como para aplastarme, demasiado pesado para que un hobbit como yo pudiera levantarlo y con una portada en tonos morados con una torre muy oscura que no me inspiraba mucha confiaba. En efecto, me había topado con una edición del Círculo de Lectores que recopilaba los tres libros.

Portada del Señor de los Anillos

Portada del tocho

Los debates con el elfo se quedaban algo cortos, además, debido a mis limitaciones antes mencionadas, yo leía algo más despacio que él. Montamos un pseudo club de lectura al que no tardaron en apuntarse un venerable beornida, un enano bastante vanidoso y un montaraz con cuestionable estilo a la hora de vestir (¡Menudos harapos! Me fiaba más bien poco de él) Este grupo hetereogéneo no tardó en adoptar el original nombre de “La Comunidad” que, con el paso de los años también se llamaría “The Community” y devoraba sin cesar páginas tolkenianas a un ritmo asolador: en nuestro primer y último año nuevo gondoriano que celebramos junto a la Sociedad Tolkien, esos estirados nos tacharon de orcos literarios. El oso se cabreó bastante; y no pudieron explicarnos que pretendía ser un halago a nuestra fuerte determinación lectora hasta que desincrustamos una pinta de la boca de su líder.

Así, relegados a nuestra propia compañía, nos lanzamos a las aventuras más asombrosas que al que le tocaba hacer de máster podía imaginar. Con la ayuda de unos dados de diez caras, una buena provisión de Doritos y nuestras indispensables fichas de personajes, vivimos situaciones realmente emocionantes y pintorescas.

Debo confesar que al principio no nos salía muy bien. El enano, por ejemplo: ese cabezahueca no hacía más que deternerse a mirar debajo de las piedras para ver si había monedas (que, al final, no servían para mucho, total, se las robábamos) El beornida no controlaba nada bien su transformación, a veces luchaba y gritaba “¡Voy a dar un zarpazo!” Y…¡vaya si lo daba! Pero sin haberse transformado, y con su débil forma humana, sólo hacía cosquillas al enemigo. A alguno lo mató de risa. El montaraz sólo se dedicaba a responder a cualquier reto absurdo que se le propusiera; era muy aficionado, por ejemplo, a las competiciones de cerveza, lo que resultaba en unas tiradas de percepción inútiles… ¡No hacía más que ver salidas de mazmorras donde había pozos repletos de trasgos!

El elfo era, sin duda, el que mejor lo llevaba, pero nos miraba siempre como si fuera un ser superior y nosotros alimañas despreciables, así que simulábamos estar a su merced (pero en realidad, esperábamos darle una puñalada trapera en cualquier momento) En cuanto a mí, decidí hacerme un cambio de sexo (o raza) y me convertí en un elfo muy alto y majo ¡Era tan divertido! ¡Y ligón! Me llevé a una moza al catre una vez. Pero mis compañeros insistían en que era incapaz de controlar mi cuerpo, que tropezaba demasiado y que mis flechas sólo hacían cosquillas a los enemigos. Así que morí sospechosamente en una batalla sencilla y los malditos me resucitaron como hobbit con la ayuda de Tom Bombadil. ¡Mi bello cuerpo! ¡Les odio y clamo venganza desde entonces!

Poco a poco nos hicimos poderosos y participamos en grandes batallas que decidieron el destino de la Tierra Media. Sobrevivimos hasta la Cuarta Edad y nos convertimos en grandes líderes (¡Yo soy alcalde de la Comarca! ¡Ja!) E incluso se unió a nosotros un oscuro nigromante muy divertido. Pero seguimos cometiendo algún error fatal de vez en cuando. Por ejemplo, la vez que el enano mató a un Rohirrim por una estupida afrenta y se guardó su cabeza en una mochila. La llevó tanto tiempo que acabamos levantando sospechas, por el olor y por el hilillo de sangre ¡Casi nos cuesta tener que arrasar una aldea!

La verdad es que al final les cogí mucho cariño a esos personajillos. Nos lo pasábamos tan bien que, cuando comenzamos a ser demasiado poderosos para nuestros enemigos, creamos unos alter ego sólo por diversión: serían personajes despreciables, donde por fin podríamos sacar lo peor de nosotros mismos, tan malvados y egoístas, que serían capaces de eliminar a un mendigo para robarle su mendrugo de pan. Acababa de nacer: La Compañía Bizarra.

Desde luego, el friki no nace. Pero con un buen caldo de cultivo, crece hasta convertirse en un hambriento de aventuras e ilusiones. Y estrecha unos lazos de amistad inquebrantables. Tanto “The Community” como “La Compañía Bizarra” vivieron grandes aventuras, hasta que la tierra me llamó y tuve que dejar atrás la Cuarta Edad, las espadas y mi falso anillo de invisibilidad. Pero no se quedaron atrás los recuerdos y la camaradería. Aún hoy, de vez en cuando, los viejos compañeros nos reunímos, fumamos hierba en pipa y sonreímos al infinito mientras alguno comenta: “¿Os acordaís de aquella vez que utilizamos la táctica de las termitas contra el Balrog?”

¿Que qué es la táctica de las termitas?

¡Que alguien lo aturda y los demás lo golpeamos sin piedad y sin descanso!

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Este post forma parte de una iniciativa de la Arcadia de Urías, para celebrar el Día del Orgullo Friki. Pásate por los blogs participantes, porque te vas a encontrar cosas mucho más interesantes y divertidas que la mía, que forman parte de #TLQM y lo #culturalmentedisperso.

Blogs participantes en el NEXO #TLQM (Si falta alguno o algo está mal…¡comentario!)

La Arcadia de Urías – ¿Existe un movimiento friki? (La Arcadía es el blog “Comandante Estelar” de esta frikada)

Captain’s Weblog de Cels Piñol – Dawn of the Freaks 

Crónicas PSN – 760 NEXO #TLQM

Las Crónicas del Centinela – Qué nos hace especiales

Dekabase Command Room – Honrando a los ancestros

Dos mineros en Japón: Crecimiento del movimiento Friky

EVILS~ – De profesión friki…¿o no puedo serlo?

FrikixCore – Orgullo friki y parejas

Genjutsu – Ilusiones diarias – Eres un Friki

Gocha Gocha – Digue’m “friki”, friki!!

HeliosHyperion – Día del orgullo friki

Jaume Estruch Blog – ¿Eres un Friki?

Linkshänder: Sincretismo

El Manga que sólo Dios conoce – MQQQEEE Vol. 61: Otaku no Musume-san

Los Mangas de Max –  “Dia del orgullo Friki”

Megapéutico – ¿Por qué orgullo friki?

Nere y Lorco se van a… – Segundo paso

Nihoneymoon - El día que friqueamos peligrosamente

Niponadas (by Marc Bernabé) – ¿Qué es un otaku?

el Pachinko – Bakuman

Paella de Kimchi: El K-Pop y el frikismo que viene

Pepinismo – Riviera, la tierra prometida

Publicidad Japón – Publicidad Japón ¿Cómo empezó todo?

One of the crowd – ¿Friki? ¿y eso en qué consiste?

Ramen Para Dos – Los Mangas, Animes y Doramas de Otakus

Roy D. Mustang: NEXO #TLQM: ¿friki o simple aficionado?

Samurai Studio – Los frikis vs la sociedad

Sobran las palabras – ¡Friki!…; Gracias!

Ultra Lo Heroína Cotidiana – Orgullo Friki y Gallego

Ahlmogabar – Dia del orgullo ¿”FRIKY”?

Cristomc Blog! – Todos somos (o fuimos) frikis

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